A través del espejo.

Sin querer, un fenómeno mundial nos obliga a caminar hacia atrás; en línea recta ya no es opción, no hay más “váyase derecho mi buen”, eso es pasado.

Somos historia, pedazos de una crónica que se construye al paso que se anda, correr o escapar es inútil porque, los testimonios de “otros”, invaden la privacidad de nuestra vida “íntima” en las redes sociales. Un click, la “selfie” o compartir el estado anímico virtual se convierte en el placebo que tomamos sin receta médica, el hastío que nos producen las noticias, la “declaracionitis”, la parodia de gobierno incapaz de enfrentar aquello que no tiene cuerpo, pero tumba a millones; no tiene cara, pero muchos lo conocen; pisa con fuerza la tierra, pero no deja huellas… sólo cicatrices. Es un asesino a rienda suelta, no tiene “modus operandi”, tampoco distingue raza, sexo, religión, condición social, etnia o nivel económico. Es más pequeño que Edward Niño Hernández (mide 70 centímetros y es considerado el hombre más chiquito del mundo); más bizarro que la “Verdad Histórica” pero eso sí, hace muy felices a los empresarios de la industria farmacéutica; con alguien tenía que quedar bien.

Mientras tecleo estas líneas, recuerdo a mi Maestro Jacinto Rodríguez Munguía, periodista y escritor, lo conocí cuando hice una estadía en la Universidad Iberoamericana, para la Fundación Prensa y Democracia, allá por el 2009, en la Ciudad de México. Nos toca la mala suerte de vivir el fenómeno viral de la Influenza AH1N1, el finado Distrito Federal colapsa; los conductores del programa Hoy alertan a los ciudadanos de mantener la calma, no salir de sus casas, usar cubre bocas y evitar el contacto con terceros. Aquello es una bomba de tiempo, estamos contra la pared a merced de la televisión porque las redes sociales carecen de poder y experiencia para movilizar e influenciar masas. Días después, mi maestro escribe una crónica cruda, real, lista para desenvainar el sable y encajarlo en los ojos de los lectores de la Revista Emequis, que comanda el Master Periodista Ignacio Rodriguez Reyna, “El Nacho”, de acuerdo al estilo sinaloense de anteponer los artículos “el” o “la”. Cada quien vive la realidad a su modo, esa palabra está en desfase continuo porque olvidamos que el universo es curvo y cada vez nos acercamos más al agujero negro de la ignorancia.

Quizá el escritor Lewis Carroll es un adelantado a su tiempo, en su libro “A través del espejo”, nos enseña a caminar hacia atrás para llegar al lugar deseado. Que así sea, primero un paso, después otro, total, frente a nosotros no hay solución todavía, pero esta historia se contará de mil y un maneras. Disfruten las lecturas que aquí les presentamos, acá un servidor se toma una Cerveza Pacífico frente al mar virtual de Mazatlán.

Publicado por Huérfanos de Saturno

Somos crítica del mundo en que vivimos y crítica de la literatura, crítica de la crítica y esa crítica es creadora siempre. La crítica del lenguaje se vuelve creación de un lenguaje.

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